Marian Turski: Stop a la incitación al odio, el antisemitismo y la xenofobia

Marian Turski, superviviente del Holocausto, se dirigió a la Asamblea de la FLM en Cracovia e instó a los delegados y las delegadas a luchar contra la incitación al odio y convertir el miedo a los extranjeros en empatía hacia “el prójimo”.

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Marian Turski

El historiador y periodista polaco Marian Turski, superviviente del Holocausto, comparte su testimonio con las personas que participan en la Decimotercera Asamblea de la FLM en Cracovia (Polonia). Foto: FLM/Albin Hillert

Marian Turski, superviviente del Holocausto, instó a los delegados y las delegadas de la Asamblea de la FLM a luchar contra la incitación al odio y convertir el miedo en empatía  

(LWI) - ¿Por qué sigo viendo antisemitismo, racismo, xenofobia y violaciones de los derechos humanos? ¿Por qué se sigue temiendo, prejuzgando, estereotipando y deshumanizando a las personas en distintas partes del mundo? Estas preguntas resonaron en la sala de congresos de Cracovia el sábado, cuando Marian Turski, superviviente del Holocausto de 97 años, se dirigió a los delegados y las delegadas reunidos en la Decimotercera Asamblea de la Federación Luterana Mundial (FLM). 

Turski, historiador y periodista polaco, fue encarcelado en el gueto de Lodz en 1942 y enviado a los campos de concentración nazis de Auschwitz-Birkenau dos años después. Tras la guerra, trabajó como redactor jefe del diario de la Unión de la Juventud Polaca y más tarde como columnista de la publicación semanal Polityka. Sus palabras a la Asamblea de la FLM llegaron el día después de que los delegados y las delegadas visitaran el memorial y museo que preserva la memoria de más de un millón de personas, principalmente judías, que fueron masacradas por los nazis en Auschwitz-Birkenau. 

“Los y las líderes espirituales tienen un papel especial que desempeñar” en la superación del miedo y el odio a los extranjeros. 

– Marian Turski, historiador y superviviente del Holocausto. 

Dirigiéndose a los participantes en la Asamblea procedentes de todo el mundo, Turski afirmó que el antisemitismo era "principalmente un producto de la Europa cristiana" y que, sin embargo, "el aguijón del odio" puede experimentarse en distintos continentes. Citó como ejemplos la discriminación contra los hindúes en Sudáfrica, la persecución del pueblo uigur en China y la opresión de los rohingyas en Myanmar. “En todas partes”, dijo, “vemos que el discurso del odio sienta las bases de la humillación”, por lo que “tenemos que poner fin al discurso del odio e intentar comprender [...] las diferentes visiones, costumbres, religiones y conductas del mundo”. 

“Comprender”, insistió Turski, “es el primer paso hacia la compasión”, que es “la capacidad de sentir con la otra persona”. En un mundo en el que los gobiernos populistas intentan ganar votos explotando la ansiedad y “sembrando el odio hacia los extranjeros”, subrayó que “los y las líderes espirituales tienen un papel especial que desempeñar” a la hora de enseñar a la gente a “no tener miedo” de los extranjeros.  

Tras recordar que este fin de semana se celebra el Año Nuevo judío, conocido como Rosh Hashaná, Turski habló de la tradición de comer una manzana bañada en miel, con la que los judíos se desean un nuevo año que sea “bueno y dulce”. Como polaco y judío que vive en Europa Centro-Oriental,  preguntó si esas palabras podrían sonar “paradójicas, grotescas e incluso sarcásticas” hoy en día. En su lugar, concluyó con el siguiente deseo: “Paz para Ucrania; para que deje de sufrir agresiones; paz para Europa y paz para el mundo”. 

Mientras Turski bajaba lentamente los escalones de la tribuna en medio de una clamorosa ovación, los delegados y las delegadas pasaron a la siguiente fase de sus deliberaciones sobre el tema “Un cuerpo, un Espíritu, una esperanza”. Tras ser testigos de los horrores del Holocausto en Auschwitz-Birkenau y escuchar a un superviviente que aún conserva las cicatrices en su cuerpo, los y las participantes se llevarán consigo las preguntas que formuló, mientras tratan de discernir la manera en que el Espíritu llama a los cristianos y las cristianas a transformar el mal en empatía, a pasar del horror a la esperanza. 

LWF/P. Hitchen
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Polonia
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